Las vacaciones de verano para los niños son un momento del año especial, en donde después de meses de esfuerzo escolar, se liberan de las rutinas, exigencias, tareas, pruebas, etc., para relajarse, hacer panoramas, comer cosas ricas, en algunas ocasiones salir del lugar donde viven para ir a otros lugares de vacaciones, etc.

Si bien este tiempo puede ser muy placentero, también puede ser muy desorganizador. Se desordenan los ciclos de sueño, de alimentación, se dejan de ver a algunos amigos, con otros se pasa más tiempo, los niños menores comparten más con la familia, los adolescentes comparten más con los amigos, etc. Estás cosas pueden tener un efecto en lo emocional, a veces positivo y otras negativo.

Como es un tiempo atípico, volver a clases puede ser complejo. Hay niños que viven la vuelta a clases de manera fácil, y otros a los que les cuesta un poco más.

 

Para hacer este proceso más llevadero, les dejo aquí algunos consejos útiles:

  • En todos los casos (siempre y cuando sea posible), es bueno retomar las rutinas de la época de clases un par de días antes de la entrada al colegio. Es decir, retomar horarios de comidas, de sueño, volver al lugar de residencia en caso de que las vacaciones hayan sido en otro lado, entre otros. Esto con el fin de tener una pequeña transición entre las vacaciones y las clases que haga que la entrada al colegio no se sienta tan abrupta.
  • También es recomendable que los niños participen en las compras de los útiles y uniformes, esto para preparar el momento de la entrada, y también para hacerlos participes y responsables de sus materiales.
  • Retomar las rutinas de comida, sueño, permisos, etc. con el fin de acomodar el reloj biológico.

En el caso de los niños que entran a clases por primera vez:

  • Explicarles concretamente a qué van: que va a haber una profesora que les va a enseñar cosas parecidas a las del jardín; que van a haber más niños con el mismo uniforme, que vienen de otros jardines infantiles; que va a haber un recreo en donde van a comer la colación y jugar; y que a cierta hora los va a retirar del colegio la mamá, papá, abuelos, etc. Los niños en esta etapa son concretos y necesitan saber concretamente a qué atenerse frente a una experiencia nueva.
  • Relacionarlo con una experiencia similar: explicarles q es parecido a lo que hacían en el jardín; que es lo mismo que hacen los hermanos (en caso de que haya hermanos mayores); etc.
  • Darle una connotación positiva: que es para niños más grandes; que va a aprender más cosas; que es entretenido; que va a hacer nuevos amigos; entre otros.

En el caso de los niños a los que no les gusta el colegio:

  • Partir con plantear que al colegio hay que ir, no plantear la asistencia al colegio como algo relativo o negociable.
  • Acoger el displacer por el colegio, diciéndole que entiende que a veces el colegio puede ser difícil y no gustarle, pero que es necesario para la vida ir, ya que es la base de muchas cosas, principalmente la educación, que le va a permitir hacer otras cosas cuando grande, que ustedes también fueron al colegio y rescatan muchas cosas positivas del mismo. Es importante ofrecer la ayuda necesaria para solucionar el problema puntual que tenga con el colegio.
  • Darle herramientas según el área que le cuesta: si le cuesta el estudio, ayudarlo con algún tipo de apoyo escolar (ya sea de alguno de los padres o un profesor externo), con estrategias de recordatorio, ayúdelo a organizar los tiempos de estudio y motívelo con algún tipo de refuerzo positivo.    Si no le gusta el colegio porque no tiene amigos o lo molestan, sugerir la inscripción en alguna actividad extra programática, potenciar otros lugares donde el niño pueda socializar con gente externa al colegio, hablar con la profesora jefe al respecto y transparentar el tema en el colegio para que ellos también tomen medidas al respecto.
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