Muchas veces dentro de una familia, uno de los hijos se caracteriza por su perfección: suele ser el hijo que destaca por sus calificaciones en el colegio, aquel que obedece de forma casi inmediata frente a las reglas impuestas por los adultos, el que mantiene sus cosas ordenadas, al que no hay que repetirle las cosas ni una sola vez, aquel que gana distintos premios en el colegio, ese hijo que las cosas le salen bien, y que “es fácil” o “no da problemas”. Son niños (y adolescentes también) que no son rebeldes, que no ponen resistencia a las reglas externas ni a sus padres, y que muchas veces estos “descansan” en alguna medida en ellos ya que saben son responsables. A su vez, tienen muy buena voluntad y tienden a mostrarse muy empáticos con los demás (pares y adultos).

No es muy usual que este tipo de niños o adolescentes lleguen a la consulta de una psicóloga o psicólogo, ya que a primera vista son “perfectos” y suelen no ser vistos como niños que sufren. Pero detrás de esta perfección ilusoria, muchas veces se esconde un temor importante a no ser perfectos o no cumplir con las expectativas que tienen los padres o el mundo sobre el niño. Les da terror desilusionar a los demás, y no toleran el no lograr lo esperado o destacar, y cuando no alcanzan dicha perfección (ya sea perder en un juego, obtener una mala nota o romper una regla), aparece en ellos una tremenda frustración, que suele ser vivida como algo doloroso. Esta frustración puede ser expresada o no.

Este tipo de personalidades se caracteriza por personas que viven pendientes de lo que el resto espera de ellos, y no se conectan con lo propio: sus deseos, sus sentimientos, sus objeciones, sus creencias, etc. Por lo tanto funcionan desde ese lugar: la expectativa del otro, y se genera una distancia significativa con ellos mismos, lo que por consecuencia los lleva a ceder generalmente frente al otro, dejar en segundo plano lo que a ellos les importa y tomar decisiones que no se basan en sus deseos sino en los de un tercero.

¿Cómo reconocer a un niño perfecto que sufre?

  • No toleran perder en un juego.
  • Se frustran excesivamente frente a un objetivo no logrado con éxito.
  • No ponen resistencia frente a las imposiciones externas.
  • Sus compañeros se “aprovechan” de su buena voluntad.
  • En ocasiones presentan síntomas físicos del tipo psicosomáticos (dolores de cabeza, de estómago, comerse las uñas, tener pelones en el pelo, entre otros).
  • No proponen ideas frente a los otros, sino que se adaptan fácilmente a lo que los demás deciden.
  • En general les “da lo mismo” cuando se les pregunta qué quieren hacer.
  • No inician peleas con sus pares y les cuesta defenderse.

Si uno de sus hijos calza más menos con esta descripción, es importante que usted lo tenga en cuenta y observe bien a su hijo: cómo reacciona frente al error; cómo resuelve los conflictos; si tiende a ceder de forma llamativamente fácil; si pone resistencia cuando usted le prohíbe algo; cuanto dice lo que quiere y lucha por obtenerlo.

Cuando esto se vuelve muy llamativo, y usted se da cuenta que su hijo realmente no tolera no ser perfecto, es importante consultar con un profesional, ya que de lo contrario se corre el riesgo de que este tipo de funcionamiento se instale y perdure hasta la adultez, lo que podría llevarlo a tener una vida aparentemente feliz, pero que probablemente será una felicidad ilusoria que poco tendrá que ver con los propios deseos.

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