Por: Javiera García- Huidobro

Muchos padres hoy consultan porque sus hijos se enojan fácilmente, se vuelven agresivos o son muy rabiosos. Es además una razón muy común por la cual los colegios derivan a algunos alumnos a evaluación psicológica.

La rabia es efectivamente una emoción muy a la mano en la infancia, pre adolescencia y adolescencia. La aparición de esta está menos mediada por la capacidad de reflexividad, los valores socialmente compartidos, la capacidad de pensar en lo “políticamente correcto”, sino que se impone a partir de un control de impulsos en vías de desarrollo. A medida que los niños van creciendo, se va desarrollando este control de impulsos, y las personas van logrando verbalizar lo que sienten en vez de ofrecer un golpe, enojarse sin dañarse o dañar al otro, aprender a conversar.

Pero la rabia es una emoción más, y como todas tiene un aspecto muy positivo: el desahogo. El niño que se enoja de una forma u otra se desahoga de algo que le causaba malestar emocional; por lo mismo, que un niño se enoje es bueno y es esperable.

El punto es que esa rabia sea constructiva, alivie, sirva, y no que sea destructiva y dañina consigo mismo y con otros.

Para que la rabia no se vuelva destructiva, es importante darle un espacio, ayudar al niño a entenderla, pensarla, darle forma. Cuando se “prohíbe”, o se sanciona de forma demasiado severa quedará dando vueltas y de una forma u otra aparecerá.

Muchas veces la rabia se auto dirige hacia uno y aparecen síntomas corporales como las jaquecas, problemas para dormir, dolores de estómago; o en casos más complejos aparecen conductas auto agresivas.

¿Cuándo es preocupante la conducta rabiosa?

  • Cuando es sistemática y sostenida en el tiempo, es decir, el niño/a se enoja casi por todo, casi todo el tiempo.
  • Cuando es transversal en los ambientes, se enoja en el colegio, en la casa, con los amigos, y de manera repetitiva.
  • Interfiere la funcionalidad del niño, es decir, cuando aparece la rabia es tan fuerte que el niño/a se queda en ese estado rabioso mucho rato, incluso por horas, y se pierde de experiencias o actividades (familiares, escolares, etc.).

En estos casos, es importante consultar con un especialista.

¿Qué hacer cuando el niño está desbordado de rabia?

  • Mantener la calma, mientras más se altere usted, más se va a alterar el niño/a.
  • Ir a otro ambiente, llevarlo/a a otra habitación, a algún lugar donde queden los dos solos. Si el niño es pequeño (0-3 años) abrazarlo hasta que se calme, sino decirle que entiende que esté enojado, que cuando se le pase le avise para conversar de lo que pasó.
  • No intervenir con palabras en el minuto de desborde, ya que en ese momento las palabras sólo lo alteraran. Es importante darle un tiempo de desahogo sin interpretar nada.

Cuando pasa la furia, hablar

  • Preguntarle qué le pasó, lo primero es darle la posibilidad de explicar.
  • Validar el sentimiento y el fondo, no la forma: explicarle que usted entiende que a veces se enoje, que eso es normal, que todos nos enojamos, pero que no puede permitirle que se haga daño a sí mismo o a los demás, y que además es imposible ayudarlo sin que le explique con palabras lo que le pasa.
  • Conversar, si el niño/a le explica porque se enojó conversar sobre eso; sino lo hace pensar juntos por qué se puede haber enojado “hice algo que te molestó?” “pasó algo en el colegio?” “tuviste algún problema con alguno de tus hermanos?”
  • Ofrecer formas válidas y permitidas de expresar la rabia, darle opciones que usted permita para descargar la rabia (pegarle a un cojín, salir a correr por el patio, romper papeles, etc.).
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